En la casa, en el patio de atrás teníamos unos pavos reales. Son unas aves elegantísimas, de muy vistoso plumaje verde, violeta...
Manos anónimas se habían ido llevando las plumas que las aves iban perdiendo al cambiar el plumaje. Eso era evidente, pero se dejó pasar. Pero que falten los pavos reales!!! Eso ya era un abuso.
Se viene el carnaval y todos están abocados a la tarea de armar los disfraces, las plumas de pavo real son muy codiciadas, las plumas comunes se tiñen, se cosen lentejuelas, se arman máscaras de papel y se pintan los personajes.
Todo se aprovecha. A Ernestito, el hermano de mamá, le hicieron un traje de indio con una bolsa de arpillera y unas lentejuelas bordadas. El estaba feliz, porque cuando bailaba, las lentejuelas brillaban y hacían un juego de luz y sombra.
En carnaval todo es posible, menos no participar. Hay guerras de agua, de harina, de pintura, de lodo. Lo mas gracioso es pintarle la cara a la gente y salir corriendo. En la calle se arman escenas y juegos con los personajes del Diablo, del Toro. Es la época en que nos reímos de los seres de pesadilla. En que podemos bailar noche y día sin parar, desenfrenarnos y olvidarse del qué dirán.
Al entrar a una casa vecina se atraviesa un umbral de palmas. Un cartel en la puerta anuncia las reglas del juego:
- Prohibido no tomar vino
- Prohibido no comer
- Prohibido estar sentado
- Prohibido cuerear
- Prohibido poner jeta
- Prohibido ser celoso o celosa
- Prohibido hablar mal de la suegra
A la bisabuela Marcelina le encantaba participar del carnaval.
Ella cantaba coplas, bailaba, tomaba vino. Cuando mi bisabuela cantaba, el sonido que salía de su voz era quejido, mezcla de risa y lamento, dolor, llanto quebrado. Era un sonido que partía el alma de quien cantaba y de quién oía. Sabía llorar la bisabuela. En carnaval ella se entregaba toda, de cuerpo y alma. Cuando ya estaba viejita, se retiraba a dormir un rato a la casa, para juntar fuerzas y seguir de carnaval. Antes de que se despierte ya la venían a buscar: “vamos doñita, el carnaval está esperando”
Luego de tres días de festejos se entierra el carnaval. Es una ceremonia de duelo.
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