Mateando bajo los nogales, los vecinos de al lado cuentan:
El diablo visita el Ingenio una vez al año.
Todos lo saben. ¿No lo escuchaste por ahí?
Viene de incógnito, vestido de traje y sombrero negro. Recorre las calles del ingenio buscando a la persona que debe llevarse al otro mundo.
Es porque los dueños del Ingenio le vendieron el alma al diablo, para enriquecerse aún más hicieron un pacto:
Una vez al año el diablo viene y se lleva a alguien.
Hace tres años lo vieron dando vueltas por el Ingenio y justo cayó Don Benito.
¿Te acordás cuando se murió don Vicente?
Dos días antes lo vimos en la estación y nos dimos cuenta que era el diablo, aunque se quería hacer pasar por un gringo.
¡Salimos corriendo! Y a los dos días… mirá.
Cuando desapareció Don Miguel, estaba trabajando con la melaza y se lo tragó la melaza nomás.
Los changuitos disfrutan repitiendo el cuento a los zonzos, agregando cada vez más detalles tenebrosos.
Cuando te portás mal, el diablo viene a la noche y te tironea de las patas.
Lo del diablo es un cuento para asustar a los changuitos cuando no hacen caso.
Como los cucos. Y sirve también para borrar desapariciones, muertes, para inculcar el temor a apartarse del grupo y perderse de la mirada del capataz.
El cuento se repite una y otra vez. Y finalmente todos tienen miedo.
Detrás de un gringo perdido puede estar escondido el mismísimo diablo.
Y pasa que de cuando en cuando, un hombre llega al pueblo. Trajeado y con sombrero negro, como van todos. Lleva una dirección apuntada en un papel. Deambula bajo la mirada de los curiosos. Parece perdido.
Pero por las dudas, nadie le habla.
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