Mamá, Regina Susana Rojas, era jujeña, de San Pedro, del Ingenio azucarero La Esperanza,  La Mendieta. Nació en San pedro en 1948 y vivió allí hasta los 18 años. Edad en la que decidió subirse al tren y venirse a Buenos Aires.

El Ingenio azucarero La Esperanza era una empresa británica que explotaba la caña de azúcar. Era una empresa-pueblo. Los obreros tenían allí casa, escuela, hospital, cine, almacén. También había iglesia y municipio. El pueblo era del Ingenio. Tenía su orden y sus reglas. Para las fiestas se izaban las banderas Argentina e inglesa. Las bicicletas llevaban matrículas. Hasta de los perros había un registro. Una vez al año la condesa visitaba el ingenio. Iba casa por casa vigilando su orden.

Mientras trabajaban, los obreros y sus familias ocupaban la casa asignada, pero si al jubilarse, ningún hijo continuaba en el ingenio, debían marcharse de allí. Por eso todos trataban de ahorrar y comprarse la casita en Salta o en San Salvador de Jujuy, para tener un lugar adonde ir cuando llegue el momento de marcharse.

Las personas del pueblo eran en su mayoría jujeños, pero también había gente venida de Salta, Tucumán, Córdoba. Había coyas de acá o de Bolivia, wichis, tobas.

Los hombres del ingenio daban su vida al trabajo de la caña de azúcar, trabajando de sol a sol. Así que las mujeres se hacían cargo de toda la vida cotidiana. Confeccionar la ropa, hachar leña, cuidar los árboles frutales, los animales, preparar las comidas, criar los hijos… Juntarse, compartir e intercambiar era la forma de sobrevivir.

Se conocían por apodos, como los hormiga (una familia muy numerosa, de tez muy morena y rasgos raros), el bigote y la bigota (dos hermanos inseparables), busca-nido (un hombre con el cuello torcido y la cara hacia arriba), seis dedos… había tíos y compadres por todos lados.